Santo Imperio de los Ritos Egipcios




Menfis-Misraim

Primitivo Rito: de París 1721
Primitivo Rito de Filadelfia: Narbona 1779
Rito de Misraim: Venecia 1788
Rito de Menfis: Momtauban 1819
Rito de Menfis-Misraim: 1881

sábado, 8 de diciembre de 2007

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COMO TRATAR A NUESTROS HERMANOS:
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Desde muy temprano en su vida de iniciado masón, la masonería de Menfis-Misraim le enseña a respetar y a querer a su hno.(a) dignificándolo(a) cada vez, in crescendo, bajo la natural suposición de que realmente se lo merece; de que tiene ante sí a una persona “libre y de buenas costumbres”, es decir, libre de prejuicios, de fanatismo, de ignorancia, de ambición desmedida; libre de malos hábitos, de vicios, los que tiene que sepultar, según la enseñanza masónica; y de buenas maneras o modales, educado, instruido, respetuoso de los valores morales o espirituales, que lo hacen ser un ser humano; a una persona que se declara creyente, vale decir, que cree en Dios, y que cree que es un(a) hijo(a) de Dios, que es un Alma inmortal, otro requisito de admisión, que tiene un cuerpo perecedero, y que está aquí en este planeta participando en un programa de evolución integral, como él mismo lo está; que cree que todos los hombres y mujeres son sus hnos. y hnas. en la Paternidad de Dios, o, más bien, para ser justos y no machistas, bajo la Paternidad y Maternidad de Dios.
Desde esta perspectiva, entonces, le enseña a tratar a su hno.(a) de “Querido(a) hno.(a)”, un tratamiento que va desde el primer peldaño de la escalera masónica hasta el más alto, si bien es cierto que cada peldaño o grado tiene un trato calificado y específico, pero el de “Querido(a) hno.(a)” calza bien en todos los grados, perfecto como anillo al dedo.
En un peldaño más arriba, tiene que tratar a su hno.(a) de “Respetable”, digno de todo respeto, título que es consecuencia de su “maestría” lograda sobre sí mismo y sobre los principios masónicos que ha internalizado y hecho suyos como parte de su nueva personalidad, habiendo logrado la condición y consciencia de “hombre nuevo”, como habría dicho el Filósofo Incógnito.
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En tal estado de consciencia, no sólo es “respetable” sino que, además, puede haber devenido “Venerable”, digno de “veneración” al convertirse en presidente de su logia. ¿Qué ser humano es digno de veneración? Un ser humano corriente, tipo standard, no; tendría que haber superado su humanidad y haberse convertido en super humano.
Después, en un peldaño o grado más alto, su “Querido(a) hno.(a)” es “Ilustre hno.(a)”, es decir, que tiene lustre, luz, brillo, que es como decir “brillante hno.(a)”. Se supone que su hno(a) “brilla” por su avance intelectual y espiritual, por su iluminación, como un angel, tal vez, o como un dios, o como un sol.
Más arriba aún, el tratamiento es de “Ilustre y Poderoso hno.(a)”, es decir, su hno.(a) ya no sólo “brilla” sino que tiene “poder”, sinónimo de fuerza, energía, que es capaz de mover y dirigir energías psico-espirituales, parasicológicas, que es un maestro de su propia vida y destino. Y debería ser así, por extraño que parecer pueda, si se toma la masonería en serio, como una disciplina intelectual y espiritual.
Ahora bien, como si fuera poco, y a partir del 90º, a pasos de la cumbre, su hno.(a) viene a ser “Muy Ilustre y Sublime Hno.(a)”, es decir, no sólo “brilla” con luz propia, sino que su luminosidad es aún mayor, más intensa; y es “sublime”, elevado, majestuoso, grandioso.
Y para coronarlo todo, ya en la cima del Everest masónico, su hno.(a) podría ser el “Gran Hierofante” del Rito de Menfis-Misraim, o sea, el gran expositor o revelador de enseñanzas sagradas, del griego “hieros”, sagrado, y de “phaino”, mostrar.
Todos estos tratamientos pueden sonar exagerados, insinceros, rimbombantes, orientales; halagadores para unos y chocantes para otros, especialmente para los profanos.
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Todo esto implica que un hno.(a), según su grado, tiene la obligación de comportarse de acuerdo con el título de su grado, legítimamente logrado, no sólo en su vida masónica sino también en el mundo profano. Un iniciado masón no debe olvidar que él es la imagen viviente de su Orden y que su Orden es juzgada por la imagen que él proyecta.
¿Cómo reconocer a un verdadero masón? ¿Por los signos, palabras y toques? La respuesta correcta es: “Por sus frutos los reconocereis”.
Todos estos títulos no son tanto para la personalidad del hno.(a) sino, más bien, un reconocimiento de la divina Presencia que mora en el corazón del hombre. Su aplicación debe ser discreta. Debe evitarse el mal uso o abuso de estos títulos, que aplicados a personalidades mediocres tienden a fomentar e inflar el “ego” con el consiguiente abuso de poder. Según Adler, toda persona quiere ser importante. Es cierto, ¿y quién no? Pero, el abuso de estos títulos hacen más mal que bien. Para algunos(as) significan mucho especialmente para aquellos(as) que han sido poco o nunca, bien reconocidos(as). Es como una suerte de compensación por una falta de reconocimiento a sus méritos reales o imaginarios. Entonces, para no engendrar “pavos reales” con mandiles y collarines, estos títulos deben ser usados con gran mesura, moderación y criterio.
Así que la responsabilidad que nos confía la Orden es enorme. Que todo esto no pasa de ser un ideal, una utopía, cierto, pero hay que intentarlo, después de todo no sólo de pan vive el hombre, sino también de grandes ideales, que si no fuera por ellos, la especie humana no habría evolucionado, por muy lento que haya sido el proceso evolutivo. Los ideales masónicos no deben ser meramente teóricos sino eminentemente prácticos, aplicables a nuestra vida y a nuestra vida con los seres humanos, nuestros hermanos y hermanas.
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César Sepúlveda Muñoz
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SERVICIO:
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El Maestro Jesús habría dicho: Lo que le haces a tu hermano, me lo haces a Mí. Hacer es acción y acción es Karma en sentido esotérico. A tu hermano es decir no sólo a tu prójimo, a tu congénere sino a tu hermano(a).
¿Puede un ser desconocido ser un hno.(a)? ¿Puede un ser de otra raza o de otra nacionalidad ser mi hno.(a)? La enseñanza iniciática es que todos los hombres son hermanos, hijos todos de un Padre único y de una Madre única (Osiris-Isis, Shiva-Parvatis)
No sólo se lo haces a tu hno., sino también a Mí ¿a quién? Al Dios que habita en cada cuerpo humano, al Dios que alienta en cada corazón, a esa divina Presencia llamada también el “Cristo” interior.
Pero la idea es que debemos servir a nuestro(a) hno.(a). realizar una buena acción beneficiosa para el (o ella). ¿Por qué habríamos de hacerlo? Porque no sólo lo (la) favorecemos, sino que nos beneficiamos a nosotros mismos, crecemos, progresamos, evolucionamos. Podría sonar egoísta, favorecer para favorecerme a mi mismo, pero esa no es la idea, no, la idea es hacer o prestar un servicio en forma desinteresada, altruista, sin apego a la recompensa, implícita en la acción, antes aún, en la misma idea, en el pensamiento, en el deseo que surge en nuestra mente. Allí se ha sembrado ya la semilla que da origen el buen o mal servicio.
Una buena acción o un buen servicio es aquel que favorece el progreso de nuestro(a) hno.(a). Por en contrario, una mala acción o un mal servicio es aquel que detiene u obstaculiza el progreso de nuestro(a) hno.(a) ¿Cuál servicio prestamos? Además, en sentido iniciático, el buen servicio o el mal servicio, tarde o temprano nos afectará proporcionalmente al servicio prestado. Esta ley es automática. La norma ética superior debería ser entonces: servir en forma óptima y desinteresada, servir por amor al servicio.
Aprendamos la lección del servicio del mundo que nos rodea. Por ejemplo, el Sol nos sirve, el aire nos sirve, el agua nos sirve, la tierra nos sirve. ¿Alguna vez se nos ha ocurrido darles las gracias por todos sus servicios durante tanto tiempo? Porque sin su servicio simplemente no existiríamos.
Pongamos atención a nuestro cuerpo. Todos los órganos que lo componen nos sirven eficazmente, silenciosamente, sin aspavientos, sin pedirnos nada. Y todos los órganos funcionan como un gran equipo al servicio de todo nuestro ser psíquico, emocional y afectivo. Si todo sirve ¿por qué nosotros no? Existe un programa de servicio para cada uno de nosotros ¿Cómo es que no nos damos cuenta?
Preguntémonos: ¿Soy yo una persona servicial? ¿Estoy siempre esperando ser servido? Al término de su día, pregúntese: ¿Presté algún servicio desinteresado a alguien? ¿Cuánto servicio? ¿He esperado recompensa por un servicio?
Precisamente una de las enseñanzas de la verdadera Masonería es la del servicio. Servir con agrado a su hno.(a); buscar oportunidades de servicio; hay muchas maneras de servir si solo tomamos consciencia.
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Es servicio desinteresado y oportuno al que aludo es una clara muestra del quijotismo de la verdadera Masonería desde los más antiguos tiempos.
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Nuestro Orden sirve a sus adeptos a través de sus diferentes estamentos. Los miembros sirven a su Orden, a todos y a ellos(as) mismos(as), por ejemplo, al pagar sus cuotas oportunamente sin necesidad de recordatorios lo que ayuda a mantener el aspecto material de la Orden; al desempeñar responsablemente cargos oficiales; al preparar ensayos o planchas, etc. Y todo dentro de un programa de servicio altruista, gradual e integral (material, intelectual y espiritual). Todo dentro de un programa aun mayor que llamamos Plan de Evolución diseñado por el G.A.D.U. para el progreso de todas sus criaturas.
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Todo el que tiene plena consciencia de este Plan Evolutivo no puede menos que servir desinteresadamente a todos, nosotros los masones de Menfis-Misraim (iniciados menores), los Iniciados Mayores (los Maestros Ascendidos de la G.L.B., etc.). La vida manifestada se concibe como un sacrificio, es decir, como una acción Sagrada –si atendemos al significado etimológico del término- y como un servicio al G.A.D.U., a Lo Que o a Quien, nosotros los menfitas dedicamos nuestros trabajos.
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¿Por qué habríamos de servir?
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Sencillamente porque sirviendo se genera buen Karma y el buen Karma conduce, tarde o temprano, como recompensa inherente al servicio, a una oportunidad o situación de mayor realización o goce mental, afectivo, profesional, económico incluso.
Cuando se hace un favor o un servicio, ¿no se siente uno bien? Es como cuando uno da o dona algo espontáneamente ¿no se siente uno bien?
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Si todos hiciéramos un lema o divisa del servicio altruista el mundo sería otro, mucho mejor; la vida sería mucho mejor y nadie culparía a Dios por nuestras carencias y problemas.
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Así que, para ti que te consideras un verdadero iniciado, la divisa es: servicio desinteresado.
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César Sepúlveda Muñoz
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Los Enemigos de la Masonería:
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¿Cómo es posible que la Masonería tenga enemigos?
¿Los tiene realmente?
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Claro que los tiene y son poderosísimos.
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El enemigo tradicional ha sido la Iglesia Católica Romana, a pesar de que en un comienzo también pertenecieron a la Masonería miembros del clero tanto católico como protestante.
Sin embargo, contrariamente a lo que podríamos pensar, el verdadero y contumaz enemigo de la Masonería no es la Iglesia pese a sus anatemas y excomuniones manifestadas en varias bulas papales que todos conocemos. No, nos verdaderos enemigos no están afuera, sino adentro, al interior de las logias, disfrazados, camuflados, personificados, reconocibles, con nombres y apellidos. Así como decimos que tal o cual persona es la encarnación de la virtud, la belleza, la bondad, la equidad, etc., así también hay personas que son encarnaciones de lo contrario, de lo negativo, de lo viciado.
He aquí una lista negra de esos indeseables enemigos:
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-El mentiroso convencido de que dice la verdad.
-El ignorante que pretende saber y en realidad no sabe.
-El innovador que pretende cambiar esto y lo otro, a su pinta, especialmente el que viene de otro Rito.
-El prepotente, con ínfulas de pavo real, sobre todo si ha alcanzado un alto grado.
-El falsificador de documentos, de firmas.
-El calumniador que difama a su Hno.(a) a espaldas del afectado.
-El plagiador de trabajos, tomados de otras personas o bajados de Internet; de diplomas.
-El acosador de hnas. con mentiras, con ofrecimientos de grados, si está en posición tal de otorgarlos; que pretende “purificar” el “aura” de sus hnas. con ceremonias de su demencial invención.
-El ladrón que se queda con los fondos de su logia u Orden. Lo curioso e inexplicable es que este especimen siempre tiene cómplices y defensores.
-El borracho que en su falta de control y de criterio se aprovecha del ágape para embriagarse.
-El cómplice de las malas acciones de otro.
-El perjuro que no respeta ninguno de sus juramentos prestados en diferentes grados.
-El irrespetuoso y anarquista que no está dispuesto a acatar el orden jerárquico de la Orden pese a haberse comprometido a ello libremente.
-El “regularítico” que padece de “regularitis” crónica especialmente cuando le conviene y que vive descalificando otros ritos masónicos que no conoce ni practica.
-El aprovechador que trata de obtener beneficio personal de su condición de masón, pecuniario o de influencia social y política, y que seguramente ingresó a la Masonería con esta intención.
-El intolerante que no soporta las ideas, opiniones ni comentarios contrarios a los que él(ella) detenta no obstante que la Masonería preconiza la tolerancia (principio que debe tener necesariamente un límite para que se conserve como una virtud).
-El que ve en la Masonería una especie de “carrera de grados”, una escalera jerárquica al estilo militar.
-El “vivo” que logra grados adulando o comprando grados que no tiene ni merece.
-El que se otorga a sí mismo grados para poder liderar y mandar.
-El divisionista, el separatista, que quiebra la Orden para crear otra según su personal estilo, y que a su vez es víctima de otros divisionistas que inventan otra Orden, etc. (carioquinesis masónica).
-El moroso que siempre se encuentra atrasado en sus cotizaciones pretendiendo que la Orden le proporcione comodidad y enseñanza.
-El inventor de grados superiores no precisamente para mejor exponer una doctrina superior, sino para liderar una Orden con aparentemente mayor autoridad que sus antecesores. (De este linaje fueron Ramsay, Esteban Morin, Grasse-Tilly, entre otros)
-El que apela a la “fraternidad”, mal entendida obviamente, para que se ayude y que después de recibir la ayuda se olvida de la “fraternidad” y se aleja de la Orden sin dar aviso ni explicaciones.
-El que hace caso omiso de las normas institucionales cuando le conviene.
-El que se ausenta de su logia cuando le da la gana y que pretende volver a ella y ser recibido en gloria y majestad, abusando de la tolerancia y fraternidad.
-El que no cumple no con sus trabajos ni con su asistencia, y pretende igual que se le considere para un grado superior.
-El que en una actitud psicológica bipolar saluda a todos(as) con aparente afecto fraternal para criticarlos el retirarse de su logia.
-El que evade asumir un cargo oficial de menor cuantía aparente como no sea el de S.·.V.·., P.·.V.·., V.·.M.·. u Orador.
-El que no cumple bien el cargo asignado y libremente aceptado.
-El impuntual que siempre llega atrasado a la tenida, sin sus paramentos a veces, y que se retira lo antes posible con pretextos increíbles.
-El que al hacer uso de la palabra para dar su opinión sobre el tema presentado e logia, comenta cualquier otra cosa sin atingencia con el tema, pero que pretende que se le escuche igual.
-El político, o el politiquero más bien, cuyos comentarios en logia llevan siempre un sesgo político (de centro izquierda con frecuencia) y que desearía que la Masonería e involucrara un poco más, o bastante más, en la política contingente del país, que, por supuesto, no es el objetivo fundamental de la verdadera Masonería.
-El agnóstico o ateo que no cree en nada espiritual, para quien lo espiritual es sinónimo de intelectual y que vería con sumo agrado que se eliminara el concepto y la alusión al G.·.A.·.D.·.U.·. en los rituales con que opera la verdadera Masonería, principio Supremo, sin el cual la logia no pasa de ser una especie de club social con un techo intelectualoide.
-El alérgico a la Biblia, el Libro de la Ley o Libro Sagrado, y que desearía verla reemplazada por la Constitución política del país, convirtiendo a la logia en un taller social, intelectual y político. Esto no es Verdadera Masonería en ninguna parte.+
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Y así tantos otros.
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En conclusión, los verdaderos enemigos de la Masonería están en la propia mente y personalidad de algunos de sus enclenques adherentes. Estos elementos viciosos destruyen logias y ordenes. Son perversos adeptos que nunca lograron despejarse de su profanidad, profanos amandilados, que mancillan el templo que los aceptó y cobijó con fraternal afecto.
Y a propósito de la expresión “profano amandilado”, el profano con mandil es quien la iniciación no surtió ningún efecto; es quien no se produjo un cambio de consciencia de lo inferior a lo superior, de lo profano a lo propiamente inciático; es quien la transmutación alquímica de los “metales” fue un rotundo fracaso.
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¿Qué correspondería hacer con estos malos elementos?
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Son delincuentes psicopáticos que tienen necesariamente que se eliminados y expulsados de la Orden para que la Verdadera Masonería siga viva y sana. Son como tumores malignos que aparecen en el cuerpo de la Orden y que hay que extirpar por doloroso que sea.
Y, al exponer a la luz a estos siniestros personajes, verdaderos demonios encarnados y camuflados que medran en la tierra feraz de la Masonería (y en cualquier otra institución religiosa o iniciática por espiritualista que sea), no estamos propiciando una suerte de persecución o quema de pseudo-iniciados, sino, más bien, para que permanezcamos alertas y no permitamos que personajes de esta calaña socaven y destruyan una institución tan respetable y digna de ser preservada para bien de la humanidad.
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César Sepúlveda Muñoz
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